La otra mala noticia es que, para colmo, el total de empresas existentes en nuestro país ha descendido de 3,2 millones en 2008 a 3,11 al término del ejercicio pasado. Si metemos esto en una coctelera y añadimos además que en España la actividad emprendedora es escasa, la inversión en I+D+i es prácticamente inexistente y que hay muy poca cooperación entre empresas del mismo sector, nos da como arrojante que, o cambiamos esto o nos iremos -literalmente- al garete.
Dato curioso es que, según el Instituo Nacional de Estadística (INE), la diferencia que existe entre la productividad de la pyme y la macro empresa es absolutamente abismal. 27.099 euros facturó la menor por 77.077 la mayor. Una salvajada. "Hay que aspirar a empresas que tengan entre 250 y 500 empleados" explicaba Alberto Pozo, economista del gabinete técnico confederal de la UGT.
La explicación más racional a todo esto se debe a que en España, el sector que más demanda y de los que más factura es el de los servicios, y el turismo destaca entre todos. Un sector que se nutre, esencialmente, de pequeñas empresas que ofrecen alternativamente servicios que se asemejan mucho pero con distinto precio -tampoco mucho-. Si pudieramos hacer confluir a muchas de estas pequeñas y medianas empresas en una, seguro que seríamos mucho más rentables y tendríamos una mayor presencia internacional.
Y con esta exposición no quiero decir, ni mucho menos, que no contemos con empresas de gran poderío dentro y fuera de nuestras fronteras. Inditex, Banco Santander, El Corte Inglés, Repsol, Iberdrola, BBVA o Telefónica son buena muestra de que si queremos, podemos.
El Gobierno, como siempre muy lento en asuntos que sí requieren de urgencia, ha lanzado dos medidas que tratarán en mayor o menor medida de paliar esto: la modificación de la Ley Concursal y el anteproyecto de Ley de Segunda Oportunidad. Medidas que favorecen la supervivencia de las empresas de nuestro país y que no limitan su crecimiento... aunque curiosamente no se haya sacado ninguna que premie a las empresas que sí apuesten por un crecimiento de tamaño -que lógicamente conlleva un riesgo-.
Otro de los grandes problemas que limita y mucho el crecimiento exponencial de las empresas es que muchas no quieren aumentar porque con ello, tendrán que hacer frente a una mayor carga impositiva que, a la larga, merma y mucho los beneficios obtenidos y por ende la rentabilidad.
En un documento publicado por el Círculo Cívico de Opinión, se ha llegado a una conclusión que quizás sí resume la principal tara española en este campo, que es la mentalidad: "La mejora del tamaño de las empresas no puede supeditarse exclusivamente a la aplicación de una política económica por parte de las autoridades. Es, sobre todo, una responsabilidad que recae en los propios empresarios y que las organizaciones empresariales y otras instituciones económicas privadas deben impulsar y favorecer”. Y es que, se antoja necesario que la mentalidad de los directivos de nuestro país cambie por completo para hacer frente a los retos que saldrán en el futuro... y que ya están saliendo en el propio prensente.
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| Complejo de edificios empresariales que muestran hasta dónde se puede llegar mediante la cooperación |
Como ven, no se trata de cambiar las cosas a lo loco si no de replantarse si podemos seguir sosteniendo un modelo empresarial que ya está obsoleto y que es súmamente deficitario. Con los datos en la mano no podemos ignorar durante más tiempo el asunto y debemos pensar en qué tipo de futuro queremos tener y dónde queremos estar; siendo gestores de nuestras propias decisiones o abandonándonos a la desidia y a la obediencia de quien ha sabido leer con gran atino las necesidades del nuevo mundo. Insisto, ejemplos del buen trabajo de la empresa en España los hay; ahora, es necesario que sean muchos más y mejores.
"Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil" --- Isaac Newton (físico, entre otras muchas cosas, inglés)


