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domingo, 22 de febrero de 2015

ABOCADOS A UN CAMBIO EN EL TEJIDO EMPRESARIAL

España es la tierra de las pequeñas y medianas empresas. Sí, las de toda la vida, esas de pocos trabajadores, un jefe y muchas horas de 'curro' donde te podías pasar toda la vida en ella sin pisar ninguna otra. Y esto en un mundo cada vez más globalizado donde priman más las macroempresas o conglomerados sectoriales, está abocado al fracaso más estrepitoso.

La otra mala noticia es que, para colmo, el total de empresas existentes en nuestro país ha descendido de 3,2 millones en 2008 a 3,11 al término del ejercicio pasado. Si metemos esto en una coctelera y añadimos además que en España la actividad emprendedora es escasa, la inversión en I+D+i es prácticamente inexistente y que hay muy poca cooperación entre empresas del mismo sector, nos da como arrojante que, o cambiamos esto o nos iremos -literalmente- al garete.

Dato curioso es que, según el Instituo Nacional de Estadística (INE), la diferencia que existe entre la productividad de la pyme y la macro empresa es absolutamente abismal. 27.099 euros facturó la menor por 77.077 la mayor. Una salvajada. "Hay que aspirar a empresas que tengan entre 250 y 500 empleados" explicaba Alberto Pozo, economista del gabinete técnico confederal de la UGT.

La explicación más racional a todo esto se debe a que en España, el sector que más demanda y de los que más factura es el de los servicios, y el turismo destaca entre todos. Un sector que se nutre, esencialmente, de pequeñas empresas que ofrecen alternativamente servicios que se asemejan mucho pero con distinto precio -tampoco mucho-. Si pudieramos hacer confluir a muchas de estas pequeñas y medianas empresas en una, seguro que seríamos mucho más rentables y tendríamos una mayor presencia internacional.

Y con esta exposición no quiero decir, ni mucho menos, que no contemos con empresas de gran poderío dentro y fuera de nuestras fronteras. Inditex, Banco Santander, El Corte Inglés, Repsol, Iberdrola, BBVA o Telefónica son buena muestra de que si queremos, podemos.

El Gobierno, como siempre muy lento en asuntos que sí requieren de urgencia, ha lanzado dos medidas que tratarán en mayor o menor medida de paliar esto: la modificación de la Ley Concursal y el anteproyecto de Ley de Segunda Oportunidad. Medidas que favorecen la supervivencia de las empresas de nuestro país y que no limitan su crecimiento... aunque curiosamente no se haya sacado ninguna que premie a las empresas que sí apuesten por un crecimiento de tamaño -que lógicamente conlleva un riesgo-.

Otro de los grandes problemas que limita y mucho el crecimiento exponencial de las empresas es que muchas no quieren aumentar porque con ello, tendrán que hacer frente a una mayor carga impositiva que, a la larga, merma y mucho los beneficios obtenidos y por ende la rentabilidad.

En un documento publicado por el Círculo Cívico de Opinión, se ha llegado a una conclusión que quizás sí resume la principal tara española en este campo, que es la mentalidad: "La mejora del tamaño de las empresas no puede supeditarse exclusivamente a la aplicación de una política económica por parte de las autoridades. Es, sobre todo, una responsabilidad que recae en los propios empresarios y que las organizaciones empresariales y otras instituciones económicas privadas deben impulsar y favorecer”. Y es que, se antoja necesario que la mentalidad de los directivos de nuestro país cambie por completo para hacer frente a los retos que saldrán en el futuro... y que ya están saliendo en el propio prensente.

Complejo de edificios empresariales que muestran hasta dónde se puede llegar mediante la cooperación

Y es que, si nos fijamos en el exterior, las empresas más ricas según el último informe que sacó a la luz Forbes habría que irse al puesto 43 para encontrar a la primera empresa española que más factura al año: Santander. De hecho, entre los diez primeros puestos no figura ninguna europea ya que el 'pastel' se lo reparten americanos y chinos. Esto no hace si no plantearnos la necesidad de adaptar el entramado empresarial de Europa en general, a las nuevas disyuntivas actuales. No se trata de copiar y pegar el modelo americano o chino donde la gestión privada es la clara dominante y la competitividad es feroz -muchas de ellas incluso infringiendo ilegalidades- sino buscar nuevas fórmulas que permitan rivalizar con ellas y mantenerse en el tiempo. Un buen comienzo sería, justamente, favorecer las fusiones y primar económicamente a aquellas entidades que arriesguen con el fin de seguir creciendo. Asímismo, tampoco sería descartable las adquisiciones, fusiones u operaciones entre empresas de la Unión Europea que darían caché y un fuerte impulso a muchos sectores.

Como ven, no se trata de cambiar las cosas a lo loco si no de replantarse si podemos seguir sosteniendo un modelo empresarial que ya está obsoleto y que es súmamente deficitario. Con los datos en la mano no podemos ignorar durante más tiempo el asunto y debemos pensar en qué tipo de futuro queremos tener y dónde queremos estar; siendo gestores de nuestras propias decisiones o abandonándonos a la desidia y a la obediencia de quien ha sabido leer con gran atino las necesidades del nuevo mundo. Insisto, ejemplos del buen trabajo de la empresa en España los hay; ahora, es necesario que sean muchos más y mejores.

"Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil" --- Isaac Newton (físico, entre otras muchas cosas, inglés)



Material complementario

La empresa es el eje que mueve nuestro mundo. Un mundo capitalista donde el dinero es el garante de nuestro devenir, y donde el consumo es la principal herramienta para enriquecerse hasta límites insospechados. Si bien es cierto que es un mundo de riesgos, éxitos y fracasos, también lo es de irregularidades, descalabros o injusticias. A continuación, les ofrezco un documental que a mí me impactó y que a mi parecer resume bien la incidencia que tiene la empresa en nuestra sociedad.

"The Corporation" -- Mark Achbar y Jennifer Abbot.


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