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viernes, 6 de marzo de 2015

¿EN QUÉ PIENSAN LAS MUJERES?

Un nuevo informe PISA -que parece poco menos que la Constitución en España- ha revelado que continúa habiendo una brecha abismal entre el hombre y la mujer en el mundo laboral... y también en el educativo. Según la conclusión que se puede extraer del propio informe, es que ellas siguen siendo más resolutivas en las aulas y ellos continuan ocupando los puestos directivos en las empresas -una de cada cuatro directivos es mujer-.

¿Recuerdan aquella famosa película de principios de siglo donde Mel Gibson adquiría la extraña capacidad de saber lo que las mujeres pensaban? En "¿En qué piensan las mujeres?", él encarnaba a un egocéntrico publicista de Chicago que, tras sufrir un accidente doméstico y obtener dicha aptitud, se da cuenta de que ellas no lo estiman tanto como él creía e intenta sacar partido de la situación para escalar en el mundo empresarial.

Pues bien, aquel filme que nos ponía de manifiesto la vana concepción que ellas tenían de ellos, y las difíciles relaciones que se establecían entre ambos sexos en el mundo laboral, sería perfectamente aplicable al momento en que vivimos hoy. ¿Qué ocurre para que, siendo a priori la mujer más preparada que el hombre en las aulas, naufraguen más tarde en la empresa? El propio informe afirma que la mujer tiene un problema de "autoconfianza" y "falta de seguridad" que hace que sean ellos los que "cojan la sartén por el mango" fuera de las aulas. De hecho, se dice que son ellos los que repiten más cursos a lo largo de la vida escolar, y los que tienen una peor capacidad lectora... pero mejores aptitudes para con las matemáticas. Lo que explicaría la nulidad de género femenino en las carreras de ingeniería.

¿Cómo puede ser posible que, tras años de lucha por la igualdad de género, este tipo de cosas sigan pasando? La mujer, a la que tanto le ha costado conseguir su libertad y sus derechos, sigue a la sombra del hombre pese a que en conjunto sea mucho más completa. Dato curioso también es la ambición entre unos y otros; ellas aspiran más alto que ellos, que se conforman con menos.

Pese a que la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, asegure que "no hay medidas para solucionar un problema puntual", lo cierto es que lejos de reflexionar sobre un tema que afecta a toda la población española -y no española- ha callado en señal de la que sabe lo que hay, pero mira hacia otro lado. Más delito tiene si cabe tratándose de una mujer.

La verdadera pregunta es en qué punto, o cuál es el detonante, que permite pasar de un "me voy a comer el mundo porque tengo aptitudes para ello" a un "cedo porque considero que soy peor que la competencia". Con los datos en mano es sobradamente cierto que los altos puestos empresariales de nuestro país están copados por hombres y no por mujeres -Tan solo un 21% de los puestos de dirección están ocupados por ellas-.

El mundo empresarial, lejos de equiparar a la mujer, la ha minusvalorado con salarios más bajos y peores condiciones laborales. Una pista reveladora; que en pleno siglo XXI haya que poner cupos mínimos de mujeres en las empresas, dice bien poco de hacia dónde estamos dirigiendo el mundo. Aquí, bien se sabe que no conviene echar las culpas a unos ni a otros. Mal haríamos en entablar otro capítulo de una batalla que lleva tiempo librándose y de la que se ha conseguido mucho, pero de la que queda aun mucho más. 

Imagen cedida por El Economista

"La igualdad de género ha de ser una realidad vivida" --- Michelle Bachelet (Presidenta de Chile)

2 comentarios:

  1. En mi opinión, una de las causas por las que no hay más mujeres liderando empresas o en puestos importantes es porque tienen el riesgo de quedarse embarazadas y eso, a la empresa, no le interesa, ya que sería baja si hay cualquier problema durante el embarazo y luego la baja de maternidad, más los contratiempos una vez nacida la criatura. Pero es una opinión.

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  2. Suscribo tu opinión, Alonsita. Claramente esto es un hecho pero no por ello se debe dejar de pelear para defender el derecho de la mujer a ser igual que el hombre. Eso es algo inherente a la mujer pero no la hace ser, ni mucho menos, peor preparada o cualificada que el hombre. Debería haber más mecanismos que defendieran a la mujer en este tipo de situaciones porque, a la larga, si una mujer es competente antes del embarazo, también lo será después.

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