viernes, 20 de febrero de 2015

CUANDO LA GUERRA TE ARREBATA LO QUE MÁS QUIERES

La historia nos ha mostrado los horrores y atrocidades que se cometen en las guerras. En nombre de Dios, de una nación o por intereses personalistas, el resultado siempre es el mismo: familias que terminan destrozadas y que jamás volverán a recuperar una normalidad que se les quitó a golpe y porrazo, sin previo aviso.

El conflicto ucrano-ruso nos devuelve a la dura realidad, esa que a veces nos parece tan lejana que nos llega a resultar indiferente. Tola y Yura, dos chavales ucranianos de 18 y 16 años que viven desde hace seis en España, han sido reclamados por el gobierno de Poroshenko para cumplir el servicio militar obligatorio. Desde entonces no pueden dormir. Saben que en cualquier momento puede efectuarse su movilización e ir a luchar por un país en el que apenas han vivido y donde la guerra ya se ha llevado a 5.700 personas según la ONU.

El hecho de ver cómo en cuestión de segundos sus vida pueden cambiar radicalmente les tienen paralizados. No quieren ir a la guerra y mucho menos matar a alguien. Apenas son conscientes del valor que tiene una vida cuando es posible que se erigan como los jueces que dictaminen cómo arrebatarla. Ambos son conscientes de las barbaridades que allí se están cometiendo. "Es algo sobre lo que he pensado mucho últimamente" decía uno de ellos, "Sé que soy incapaz de quitar la vida a una persona" explicaba el otro. Apenas entienden el significado del por qué están luchando, del por qué o por quién se están jugando la vida.

Son niños obligados a comportarse como hombres, despojados cruelmente de su infancia o adolescencia y mandados directamente al campo de batalla, a librar una contienda que ni siquiera es suya, sin saber si volverán a casa o a ver a sus padres, si volverán a ver un nuevo día o será el último que puedan respirar.

Tola y Yura son solo dos ejemplos de una realidad patente. Niños que huyeron del país buscando una oportunidad para crecer y desarrollarse en la normalidad y que, una vez conseguido, el pasado se hace presente para reclamar con su inexpugnable dureza el derecho a llevárselos de nuevo. "Todavía me cuesta entender como mamá y papá son tan generosos. Traer a su casa a un niño que se encontraba a 4.000 kilómetros y al que decidieron darle todo a cambio de nada... Nunca les podré devolver lo que ellos me ha dado" afirmaba Slavick, otro joven que salió de Ucrania tras el desastre de Chernóbil en 1986 y que fue acogido por una familia española. "Cuando les veía se me iluminaban los ojos. Eran como mi regalo de Navidad. Ellos han hecho posible que sea una persona normal" continuaba el chico.

La guerra arrasa con todo lo que encuentra por delante, no entiende de vínculos, amor o sangre, tampoco de razas o ideologías, y mucho menos de edades. Allí, en el campo de batalla, todo se simplifica. Es matar o morir.

Mientras muchos de estos padres viven con la incertidumbre de saber si podrán o no volver a ver a sus hijos; Merkel, Poroshenko y Putin dirimen si es lícito o no continuar con su afán imperialista. En sus manos está el futuro de miles de personas que como Tola, Yura o Slavick solo quieren seguir siendo "normales" en un mundo cada vez más anormal.

"Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras" --- Cicerón (Político romano)

Slavick, el joven muchacho llamado a filas por los ucranios para combatir a los prorrusos
Información útil
  • El desastre de Chernóbil causó el desplazamiento de 135.000 personas. Muchos niños que nacieron afectados o que lo hicieron con posterioridad, residen o estudian en España a tiempo parcial.
  • El Gobierno de Kiev ha mandado misivas a muchos de ellos para que su incoporación sea inmediata.
  • Las familias de acogida se han movilizado para intentar evitar sus traslados.
* Ampliación de la noticia a través del El País: http://politica.elpais.com/politica/2015/02/19/actualidad/1424380284_282182.html


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