miércoles, 4 de marzo de 2015

DE VILLANO A HÉROE

El asesinato del opositor al regimen de Putin, Borís Nemtsov, el pasado 27 de febrero refleja la 'dictadura del silencio' que se vive en el país ruso. "Calla o te callo" como se decía en la Sicilia gobernada por la 'Cosa Nostra'.

El alargado brazo de Putin quizás haya querido abarcar demasiado esta vez. La jugada le va a poder salir cara, da la sensación de que ha sido un movimiento poco inteligente, descuidado, del quien se siente acorralado y busca desesperadamente deshacerse de las pruebas que le incriminan. No corren tiempos de calma para el líder ruso que ve como, cada vez más, sus movimientos son más torpes, más 'chapuceros' y menos meticulosos.

No hace falta ser Sherlock Holmes para descubrir que un acontecimiento está relacionado con el otro. ¿Casualidades? Ninguna. Nemtsov tenía información muy valiosa que, con casi total seguridad, iba a poner en serio peligro los maquiavélicos planes de Putin en referencia a su particular cruzada en territorio ucranio. Una teoría conspiratoria al más puro estilo ruso se maquinaba desde hacía ya tiempo en el Kremlin. Nemtsov resultaba para Putin esa 'rata' molesta y llena de rabia a la que había que exterminar. Principal opositor a su regimen y muy crítico ante las políticas que llevaba a cabo Putin y su cúpula, Nemtsov se valía de las televisiones locales y nacionales para atacar de manera directa e incesante todos y cada uno de los movimientos que hacía el líder ruso, y no solo eso, si no que sus declaraciones eran tan ciertas -en muchos casos- como incendiarias. Justo el día después de su asesinato iba a convocar una manifestación en contra de la guerra contra Ucrania que se preveía multitudinaria. "Eliminado el germen, erradicada la enfermedad" que dicen algunos.

Es inevitable retrotraerse al famoso 'Caso Politkóvskaya' donde la periodista, reconocida opositora de Putin, fue hallada muerta en un ascensor con varios balazos el mismo día que el líder ruso cumplía años. El caso no terminó ahí, y es que el ex expía ruso Alexander Litvinenko que investigaba el crimen, también fue encontrado muerto por envenenamiento.

Sea como fuere, la muerte de Nemtsov pasa a engrosar la larga lista de crímenes impunes que se han cobrado en Rusia. Resulta poco creíble pensar que todos estos asesinatos no responden a un mismo patrón y tienen su origen en el Kremlin. Lo que sí parece tremendamente peligroso es que, en pleno siglo XXI, personajes como Putin sigan 'limpiando' a personas que no piensen como él como si la única autoridad moral fuera la de sí mismo.

La oposición, ya débil y cada vez más mermada, se halla acorralada y asfixiada por el Kremlin que coarta y limita cada vez más sus derechos y libertades. Hastiada, llena de odio y con una sed de venganza inconmensurable, no ha sabido valerse de lo positivo de la sociedad rusa para intentar, inteligentemente, destronar al 'zar ruso'. La muerte de Nemtsov puede que sea la mecha necesaria que haga volar por los aires el complejo y meticuloso entramado de Putin, o puede que no. Lo que sí es seguro es que Borís ha pasado de 'villano' a héroe.  

Nemtsov (izq.) y Putin (der.) se dan la mano durante un acto



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