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viernes, 16 de enero de 2015

EL PORQUÉ DE MI NACIMIENTO

No me dieron a luz por una razón en concreto, de ser así posiblemente me hubiera quedado en el vientre de quien quiera que me creara. Soy fruto de una concatenación de hechos que, a mi parecer, son atroces e injustos. Tampoco nazco, ni mucho menos, para erigirme como portavoz de nada ni de nadie. Porque eso sí, tengan claro que no me debo a nada ni a nadie y justamente por eso soy libre, libre para expresar, opinar o juzgar sin miedo a que me increpen, amenacen, encarcelen o maten.

Suena bien y parece lícito pero el binomio formado por la palabra "expresar" y "libre" nunca estuvo tan amenazado como hoy. Parece mentira que millones de personas a lo largo de la historia hayan luchado y hayan sacrificado sus vidas en pos de algo que, a día de hoy, parece más una utopía que una realidad. Es como si estuviéramos en la casilla de salida después de dos mil años.

El atentado contra la humanidad que se produjo el pasado 7 de enero en París -Charlie Hebdo- es el ejemplo fehaciente de que el ser humano se ha propuesto dar un paso adelante para, acto seguido, dar tres para atrás. La problemática de todo esto va mucho más allá de la simpleza que nos muestran los medios de comunicación, más preocupados -en muchos casos- de mantenerse a flote que de desempeñar la función por la que fueron creados. No se trata solo de un choque de religiones o culturas, si no de una guerra incesante contra el principio más básico de todo ser humano -con permiso del de respirar- que es el de la libertad de expresión.

¿Qué puede haber más intrínseco en un ser racional que el poder decir, opinar y juzgar sobre lo que se quiera en el momento que se quiera? Es una aberración que, en pleno siglo XXI, todavía se puedan acallar las voces a golpe de metralla solo por el hecho de ser contrario a lo que se piensa.

¿Es que a acaso no hemos sabido entender nuestra propia historia? ¿No son suficientes dos milenios y millones de muertos para entender que somos más que unos simples seres vivos que habitan en un mundo donde además de comer, reproducirse y vivir es necesario comunicarse para enriquecerse y diferenciarse así de los animales? Desde los tiempos ancestrales siempre hemos buscado ese objetivo que tan esquivo parece que nos es ahora. Los opositores a los grandes imperios (griego, romano, musulmán, español, francés, inglés, alemán y ahora el americano) han luchado en pos de sus libertades y han sido necesarias miles de vidas para encontrarlas, o al menos eso parecía.

Es necesario parar el tiempo, dejar de crear y empezar a reflexionar si merece la pena seguir evolucionando para, a la vez, seguir destruyendo. Nunca tuvimos tantas opciones ni fuimos tan inteligentes y a la vez tan torpes como ahora, jamás tuvimos tantas facilidades y comodidades como las que tenemos hoy y, en vez de aprovecharlas para crecer, las utilizamos para hundirnos.

Esto solo es un aviso para navegantes, pues si por aquí se empieza ya me puedo imaginar como puede terminar. Harto de ver como cada vez evolucionamos en todos los campos y olvidamos los que en primer lugar aprendimos, es de obligado cumplimiento que desde el respeto y la mayor objetividad posible, trate todos esos temas o asuntos que producen escarnio y poder así aportar, de una u otra manera, mi granito de arena a que el pensamiento humano fluya sin temor alguno.

No me quedaré impertérrito viendo como el mundo que con tanto sudor, lágrimas y sangre creamos se va al traste porque nos olvidamos de algo tan básico como el respeto mutuo. Me niego. Y como me niego, seguiré "atizando" a diestro y siniestro todos y cada uno de los abusos que se produzcan. Me cansé de estar en un segundo plano, enmudecido por el qué dirán o por el qué pensarán, ese tiempo se agotó. Toca dar un paso al frente para que otros den un paso atrás.

Lo que costó levantar esto para que luego, en cuestión de minutos, desaparezca.

Así pues me presento. Soy ese duende insatisfecho por naturaleza que nunca está presente pero que siempre se aparece cuando nadie lo espera.


"La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír" -- George Orwell (escritor y periodista británico)