Sin lugar a dudas, las elecciones dejan a una fuerza política al borde del desastre total. UPyD, el partido de Rosa Díez -como ella misma se encarga de refrendar una y otra vez-, está en serio riesgo de fragmentarse hasta el punto de desaparecer. Hace escasos días, cuatro pesos pesados de la formación magenta -entre los que se encuentran Irene Lozano, representante política que llevó el Caso Zaida al Congreso- dimitieron por "falta de responsabilidades" después de no haber entrado en el parlamento andaluz. "Espero que Rosa Díez reflexione y se dé cuenta de que lo importante son los principios y no las personas" esgrimía Irene. También se sumó a esa corriente crítica otro gran peso como Toni Cantó, quien vía Twitter mostró su desencanto contra la propia Rosa: "Decepcionante rueda de prensa de @rosadiezupyd La dirección del partido debe responsabilizarse de las decisiones que nos han traído aquí".
Rosa se queda cada vez más sola. Atrás quedan los tiempos en los que UPyD aspiraba a convertirse en un partido bisagra determinante entre los dos grandes. La formación que ella dirige es un barco en llamas donde todos sus tripulantes se arrojan al mar, poco a poco, por miedo a quemarse.
¿Se acuerdan del intento de unión entre UPyD y Ciudadanos de Albert Rivera? Pues posiblemente ella sí lo haga. Gran parte -si no toda- de la culpa para que la operación fracasara fue de la lideresa Díez quien no estuvo dispuesta a ceder un milímetro de poder en beneficio de una cohesión que hubiera supuesto la creación de un partido más que interesante. "Discrepancia de opiniones" decía Díez en contra de un Rivera que se quejaba de la falta de interés en encontrar puntos en común, que los había, y muchos. Visto lo visto, el tiempo ha dejado a cada uno en su lugar y ha puesto en tela de juicio la valía de Rosa, que no ha sabido afrontar los desafíos que se han presentado con la inteligencia necesaria para evitar este descalabro.
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| Rosa Díez (UPyD) y Albert Rivera (Ciudadanos) en pleno consenso |
No es secreto profesional el hecho de que, en esto de la política, tan pronto uno puede estar arriba como de caer al abismo y desaparecer. Pues bien, si hace dos o tres años todo eran alabanzas y vítores para la formación magenta, hoy podría estar sufriendo una desbandada que la esté llevando a un camino sin retorno. Se calcula que en los próximos días, una gran cantidad de militantes y afiliados a UPyD podrían dejar la formación que preside Rosa para unirse al proyecto de Rivera.
Es tiempo de que Rosita se eche a un lado. Y lo haga porque verdaderamente sienta que lo tiene que hacer, no porque nadie se lo diga. Tan necesaria fue la creación del partido que ella fundó como lo es hoy su partida. Con más de la mitad de su partido pidiendo su dimisión -Miguel Ángel Quintana presentará una moción mañana sábado- y con unos resultados en firme desastrosos, además de los augurios nada positivos de cara a los sucesivos comicios, es hora de que Rosa demuestre que amén de lo que muchos crean, el partido está por encima de ella. Porque si de algo estoy seguro, es de que UPyD sigue siendo tan necesaria como lo era en 2007.

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