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jueves, 22 de enero de 2015

MUCHO QUE PERDER, MUCHO QUE GANAR

Con las elecciones griegas a la vuelta de la esquina -el próximo domingo 25- toda Europa vive con incertidumbre el posible cambio de rumbo que pueda tomar el país heleno y, más que eso, las posibles consecuencias que pueda tener su victoria en las urnas tanto a nivel nacional como internacional.

La posible presidencia de Syriza, junto con el fuerte auge de la formación que dirige Pablo Iglesias en España -Podemos- ha provocado que los sistemas y partidos tradicionalistas se tambaleen por primera vez. El apoyo incondicional y sin tapujos que le ha brindado el líder de Podemos a Tsipras -Syriza- hace que la victoria o no del próximo domingo marque la pauta de lo que pueda ocurrir en nuestras fronteras de cara al mes de noviembre.

Más allá del revuelo provocado por estos partidos y de las amenazadas emitidas por parte de la Unión Europea -de Alemania, vaya- de expulsión griega en caso de que salga Syriza, se presenta un panorama que nos hace recordar, salvando las diferencias, en algunos aspectos a los ascensos eléctricos de ideologías más radicales que, echando la vista atrás y rememorando la historia, han resultado ser un fracaso. Tras el mayor periodo de paz mundial que se recuerda -hay que remontarse a la crisis del petróleo del 73 y la caída de la URSS- las fuerzas políticas tradicionalistas parecen haber tocado fondo. La Francia de Hollande, la Portugal de Aníbal Cavaco, la Suecia de Fredrik Reinfeldt -ya fuera-, la Grecia de Samaras o la España de Rajoy vagan a la deriva y sin un rumbo fijo después de que las medidas tomadas estén lejos de lo esperado y no presenten ninguna alternativa real y eficaz para aplacar la mayor crisis del capitalismo desde el crack del 29. Inoperantes y torpes en sus modus operandi, estos partidos han ido poco a poco colmando la paciencia de las sociedades que con anterioridad les habían otorgado su voto y confianza.

La democracia europea que tan asentada y anclada parecía se revuelve desde sus entrañas anunciando un cambio que, a todas luces, supondrá en mayor o menor medida el ascenso de movimientos que promueven una mayor radicalidad en sus ideas. El Frente Nacional de Marie Le Pen en Francia, Syriza o Amanecer Dorado en Grecia, el UKIP británico o Podemos en España recibirán el apoyo -por voto de castigo- de gran parte de la ciudadanía, cansada y hastiada de no ver resultados y de los múltiples casos de corrupción que asolan el viejo continente.

La situación está clara, las cartas están al descubierto. A los 'grandes' partidos ya se les ha acabado el crédito y el margen de error, la desafección política y el hastío es tal que por primera vez en mucho tiempo vuelven a emerger los fantasmas del pasado. La historia nos ha mostrado que el pasado siempre vuelve pero no de la misma manera porque el contexto es cambiante. La política, como la economía, el fútbol o el propio ser humano es cíclica y hoy, más cerca que nunca, regresan los ecos de un pasado que bien seguiría en estar enterrado porque ningún extremo es bueno, "la virtud está en el equilibrio" decían los más sabios. Hoy, unos tienen mucho que perder y otros demasiado que ganar.

Alexis Tsipras (izq.)y actual líder de Syriza junto con Pablo Iglesias de Podemos (der.)

"Un ser humano en su perfección debería siempre preservar la calma y paz mental y nunca permitir que las pasiones o deseos transitorios disturbien su tranquilidad" -- Mary Shelley (dramaturga y filósofa británica)