domingo, 12 de abril de 2015

AVE, CESAR

¡Reconozco que me pirra el periodo pre electoral! Sí, soy raro pero es que es parte de mi ser. Mientras unos lo ven con desinterés y verborrea dialéctica al más puro estilo hollywoodense -que razón no les falta por otro lado- yo prefiero verlo como un mercadillo dominguero de oportunidades al mejor precio. Cada partido se desmelena y lanza, sin ton ni son, un retahíla de propuestas que buscan diferenciarse en algo de la competencia.

Hace gracia porque, en muchos casos, carecen de sentido y en otras apenas se diferencian de las que propone el contrario. Sin embargo, en este mercadillo del todo vale sí se pueden empezar a establecer los puntos de partida de unos y otros, o dicho de otro modo, ya se puede vislumbrar de qué pie cojea cada cual. La última tendencia de moda -que no es la de primavera-verano del Corte Inglés- es el AVE (Alta Velocidad ferroviaria Española).

Imagen cedida por Renfe.
 ¿Se debe seguir invirtiendo en él? ¿quizás se debiera plantear seriamente reedistribuir los recursos económicos otras lides que requieren de mayor urgencia? ¿damos por finalizada, entonces, la súper obra de infraestructura? En esta disyuntiva se mueven los partidos aspirantes a la Moncloa -que por cierto están en un puño según la última encuesta de Metroscopia publicada hoy por El País-.

Lo cierto es que el AVE es una de nuestras mayores fortalezas competitivas de cara a poder rivalizar con el mercado internacional. España cuenta con la friolera de 2.400 kilómetros de servicio ferroviario llegando a conectar los principales centros neurálgicos como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Millones de personas eligen el tren de alta velocidad para desplazarse ya sea por negocios, vacaciones o asuntos personales. Gran parte del comercio se realiza por sus vías debido a su velocidad -puede llegar a alcanzar los 350 Km/h- y por su fiabilidad. Desde que se hiciera el primer tramo en 1992 (Madrid-Sevilla) España dejó claro que una de sus apuestas más fuertes iba a ser con el AVE. Con dos proyectos más que interesantes que dejarían prácticamente conectados todas las grandes metrópolis del país -la 'Y vasca' y Galicia- hoy se habla más de sus excesivos costes de mantenimiento y de su escasa utilización, que de lo que sigue reportando a nivel nacional e internacional. Es nuestro santo y seña.

Sea empleado como arma electoralista o no, la realidad es que España se gasta al año entre 70.000 y 110.000 euros entre mantenimiento de trenes, locales, utilización de energía y demases. Una cifra nada despreciable teniendo en cuenta el difícil momento económico por el que aun atraviesa el país. Siendo el segundo país en el mundo con mayor tendido ferroviario -solo superado por China- y con unas infraestructuras modernas en la mayoría de los casos, la gran pregunta es la de siempre: ¿Es rentable seguir invirtiendo?

A juzgar por el número de viajeros que lo utilizan, rotundamente no. Por poner un paralelismo claro con nuestros vecinos franceses, el tramo que va desde París a Lyon -el más utilizado- tiene cerca de ocho millones de pasajeros al año por los tres millones que tiene Madrid-Barcelona en nuestro país. Un ratio de 0,49 en el caso francés y de 0,3 en el nuestro en los dos trayectos más empleados en ambos países. Teniendo 4,9 kilómetros de tendido ferroviario de cada 1.000 -0,5 Km por cada diez mil habitantes- países como Alemania, Italia, Japón, Taiwan o la propia Francia, teniendo menos recorrido ferroviario, nos superan ampliamente en cuanto a la utilización del mismo, y por tanto le sacan un mayor jugo.

Gráfica cedida por El Confidencial
Por lo tanto no se trata de lanzar decisiones poco sopesadas sino más bien de recapacitar sobre la viabilidad de un negocio que, si bien es cierto nos da caché exterior, hoy no parece ser todo lo rentable que debiera.

Los grandes imperios, las grandes naciones de la historia nos han enseñado que una buena comunicación interna es clave para poder crecer más rápidamente estimulando el comercio y reduciendo los tiempos de distribución. Pero desde luego que no a toda costa. Siendo una práctica demasiado frecuente en nuestro país, la de actuar sin cabeza y hacer las cosas a lo loco, termina teniendo un impacto negativo y desastroso tanto en la economía como en la percepción que la sociedad tiene de un proyecto de esta envergadura. Insisto, lo que es nefasto no es el proyecto en sí, si no la planificación. No me vayan a crucificar ahora.

Una vez terminados los tramos en construcción habremos cumplido el objetivo de llegar a todas y cada una de las principales metrópolis de nuestro país, y es en ese momento donde habría que plantearse hasta qué punto es necesario seguir contruyendo redes ferroviarias a destinos donde ya no se alcanzará esa rentabilidad mínima exigible a cualquier negocio.

Roger Senserrich, de El Español, concluía su opinión sobre el asunto esgrimiendo que "la obra ha salido a buen precio, se cubren los costes de mantenimiento y nos va a durar la pila de años". Pues sí, tiene razón. Ahora, mi pregunta es: ¿realmente es necesario destinar esa partida económica teniendo otros problemas de mayor calado sobre la mesa?

Pues bien, el debate está servido en el terreno político y no tardará en permear en la opinión pública. Como se decía en la antigua Roma; Ave, Caesar, disputatio est.





   

viernes, 27 de marzo de 2015

ECHATE A UN LADO, ROSA

Son muchas las conclusiones que se pueden extraer tras los pasados comicios andaluces. Cristian Campos, de El Español, ya ponía de manifiesto unas cuantas cuando el río volvió a su cauce. En concreto 21 entre las que se destacan el monopolio del PSOE, la debacle de Izquierda Unida, la sinrazón de Podemos o que hay regiones específicas en las que el juego político va por libre. Pero por favor, tengan ustedes el gusto de leerlo aquí, merece y mucho la pena.

Sin lugar a dudas, las elecciones dejan a una fuerza política al borde del desastre total. UPyD, el partido de Rosa Díez -como ella misma se encarga de refrendar una y otra vez-, está en serio riesgo de fragmentarse hasta el punto de desaparecer. Hace escasos días, cuatro pesos pesados de la formación magenta -entre los que se encuentran Irene Lozano, representante política que llevó el Caso Zaida al Congreso- dimitieron por "falta de responsabilidades" después de no haber entrado en el parlamento andaluz. "Espero que Rosa Díez reflexione y se dé cuenta de que lo importante son los principios y no las personas" esgrimía Irene. También se sumó a esa corriente crítica otro gran peso como Toni Cantó, quien vía Twitter mostró su desencanto contra la propia Rosa: "Decepcionante rueda de prensa de @rosadiezupyd La dirección del partido debe responsabilizarse de las decisiones que nos han traído aquí".

Rosa se queda cada vez más sola. Atrás quedan los tiempos en los que UPyD aspiraba a convertirse en un partido bisagra determinante entre los dos grandes. La formación que ella dirige es un barco en llamas donde todos sus tripulantes se arrojan al mar, poco a poco, por miedo a quemarse.

¿Se acuerdan del intento de unión entre UPyD y Ciudadanos de Albert Rivera? Pues posiblemente ella sí lo haga. Gran parte -si no toda- de la culpa para que la operación fracasara fue de la lideresa Díez quien no estuvo dispuesta a ceder un milímetro de poder en beneficio de una cohesión que hubiera supuesto la creación de un partido más que interesante. "Discrepancia de opiniones" decía Díez en contra de un Rivera que se quejaba de la falta de interés en encontrar puntos en común, que los había, y muchos. Visto lo visto, el tiempo ha dejado a cada uno en su lugar y ha puesto en tela de juicio la valía de Rosa, que no ha sabido afrontar los desafíos que se han presentado con la inteligencia necesaria para evitar este descalabro.

Rosa Díez (UPyD) y Albert Rivera (Ciudadanos) en pleno consenso

 No es secreto profesional el hecho de que, en esto de la política, tan pronto uno puede estar arriba como de caer al abismo y desaparecer. Pues bien, si hace dos o tres años todo eran alabanzas y vítores para la formación magenta, hoy podría estar sufriendo una desbandada que la esté llevando a un camino sin retorno. Se calcula que en los próximos días, una gran cantidad de militantes y afiliados a UPyD podrían dejar la formación que preside Rosa para unirse al proyecto de Rivera.



Es tiempo de que Rosita se eche a un lado. Y lo haga porque verdaderamente sienta que lo tiene que hacer, no porque nadie se lo diga. Tan necesaria fue la creación del partido que ella fundó como lo es hoy su partida. Con más de la mitad de su partido pidiendo su dimisión -Miguel Ángel Quintana presentará una moción mañana sábado- y con unos resultados en firme desastrosos, además de los augurios nada positivos de cara a los sucesivos comicios, es hora de que Rosa demuestre que amén de lo que muchos crean, el partido está por encima de ella. Porque si de algo estoy seguro, es de que UPyD sigue siendo tan necesaria como lo era en 2007.  

domingo, 22 de marzo de 2015

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Ni una cosa ni la otra. Se libraban dos batallas de gran importancia en dos plazas diferentes pero con algo en común: los antecedentes hacían presagiar cambios.

Ni las elecciones andaluzas ni el Clásico han deparado ninguna sorpresa. Se esperaba que el PSOE ganara con holgura como así lo ha hecho, como también se esperaba la victoria de los blaugranas en su feudo frente al Real Madrid. Nada nuevo bajo el sol en términos generales, pero sí con pequeños detalles que puede que sean el inicio de ese 'gran cambio' del que tanto se habla en los mentideros de este siglo XXI.

Acudía el F.C. Barcelona como el que acude a firmar un mero trámite notarial sabiendo que se iba a salir con la suya, y a punto estuvo de saltar la sorpresa en Can Barça. El equipo de Luis Enrique ganó por inercia, poco más. Solo jugó a ratos, tras cada gol de los dos que marcó. Contra todo pronóstico el equipo blanco saltó con mordiente, con ganas de demostrar que podrá estar tocado pero no hundido. Y por momentos pareció creerselo. Precisión en el pase, rapidez y atino marcaron una primera mitad dominada de 'cabo a rabo' por los merengues. Cuando el telón se bajó, los augurios se cumplieron y el líder sale de su campo siendo más líder. La vida sigue igual en nuestra Liga.

Tampoco ha cambiado en exceso el panorama político en el ring andaluz. Eran muchos los que tildaban de "absurda" la maniobra electoral de Susana Díaz a la hora de adelantar el plebiscito pero el tiempo le ha dado la razón. Las encuestas -que al parecer siempre 'fallan'- han dado en el clavo. Los socialistas vencen sin alcanzar la mayoría absoluta (47 escaños) y los populares se derrumban (33). Irrumpe con fuerza Podemos con 15 escaños, al tiempo que se hunde Izquierda Unida -que pasa de 12 a 5-. Y ojo, que siempre hay un hueco para las sorpresas. Ciudadanos, la fuerza que lidera Albert Rivera y que nació en Cataluña, logra la nada despreciable cifra de 9. Quién iba a decir que parte Andalucia se iba a mandar desde las antípodas nacionales.

Susana Díaz tras el momento de la victoria. (Foto: AFP)
"Es una victoria histórica e indiscutible" subrayaba la recién reelegida presidenta de la Junta de Andalucia. Cansada pero muy feliz, Susana Díaz ha prometido "sacar a Andalucia adelante con trabajo, esfuerzo y humildad" y más vale que así sea. Parece que el electorado le haya otorgado la última oportunidad, y mal haría en desaprovecharla. Mucho tienen que cambiar las cosas en la región.

Resultados de las elecciones andaluzas. Foto de El Mundo.

El fuerte seguirá siendo inexpugnable pero con matices. El descalabro del PP -pierde 17 escaños- es fiel reflejo de que el poder quema. Desgasta. Da la sensación de que los populares se daban cita sin ánimo de festejos y ocultando una realidad que ya no se puede tapar. Significativa ha sido la imagen en solitario de Bonilla sin nadie de la cúpula arropándole. Feo, muy feo y cobarde el gesto. Tampoco ha sido día de vítores ni alabanzas en el seno de Izquierda Unida. La formación verde se desinfla producto de unas ideas en las que pocos ya confían, y porque el auge de las nuevas fuerzas termina por hacer mella. Sensación agridulce en Podemos. No son malos los resultados porque no había con qué contrastarlos, pero lo cierto es que las expectativas eran mucho mayores para un comunidad autónoma que siempre ha simpatizado más con la ideología de izquierdas. Podrán empezar a intervenir de manera activa en la vida política pero no con tanta influencia como pensaban. "Los resultados no son buenos. Nosotros hemos nacido para ganar y no nos conformamos con esto" decía Íñigo Errejón. Quizás haya sido Ciudadanos el campeón en la sombra. Parecía una utopía hace apenas un mes -y con las encuestas en contra- que pudieran obtener nueve escaños. 360.000 votos avalan al partido relámpago que, a partir de ahora, dejará de contar con el 'efecto sorpresa'. "El bipartidismo ha muerto" afirmaba un sonriente Rivera tras conocer los resultados. De UPyD ni rastro. Ni se la esperaba, ni apareció como quien dice.   

Albert Rivera (C's) irrumpe con mucha fuerza en el parlamento andaluz
Dos datos adicionales a tener muy en cuenta. Nota muy positiva en cuanto a la participación en los comicios. Sube cerca de los cuatro puntos llegándose a situar en un 63,92% frente al 60,78% de las pasadas elecciones. Clara demostración -insuficiente a mi parecer- de que la gente ya se está concienciando de que, para cambiar las cosas, es necesaria iniciativa y movimiento. No apoltronarse en el sofá. Por otra parte, cabría destacar que estos resultados no serán definitorios para el resto de elecciones que se avecinan. Sería arriesgado e imprudente extrapolar el sentir de una comunidad autónoma al resto del territorio nacional. Andalucia siempre ha tenido un microclima político muy particular. Y si no, echen la vista atrás y juzgen ustedes mismos.

Pues eso, la vida sigue igual: el Barcelona vuelve a superar al Madrid y el bipartidismo, pese a que se queda tocado, continúa imperando mal que le pese a muchos. No descarten ver a Florentino Pérez y Mariano Rajoy compartiendo penas en un bar lúgubre, en la fría y solitaria noche dominguera de Madrid...