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jueves, 12 de marzo de 2015

ALGO ESTÁ CAMBIANDO EN EL PERIODISMO ACTUAL

Dos grandes acontecimientos periodísticos de gran relevancia están sacudiendo, con brío, los cimientos ya casi inexistentes del sector. El nuevo proyecto periodístico de Pedro J. Ramírez -El Español- y la creación de LENA (Alianza de Periódicos Líderes en Europa, por sus siglas en inglés) están haciendo que se recobre la esperanza y la ilusión de una profesión que vaga sin un rumbo claro desde hace ya tiempo.

No sabemos si esto cambiará en algo el triste panorama que se cierne en el citado sector, pero lo que sí es seguro es que estas dos noticias invitan a pensar, con optimismo, que si se quiere se puede. Que los propios periodistas no se van a quedar de brazos cruzados mientras ven como una de las profesiones más longevas de la historia se desmorona.

El Español de Pedro J. ya carbura y no se pone techo. Después de lograr para la causa cerca de cuatro millones de euros (3.606.600 exactamente) al cierre de su campaña de crowdfunding -término inglés que se utiliza para designar aquella campaña que se financia desde la red- y estar arropado por 5.595 inversores, el nuevo medio del ex director de El Mundo verá la luz el próximo otoño... y las expectativas, como no podrían ser de otra manera, son enormes. El reputado periodista inicia su tercer proyecto desde cero -tras Diario 16 y El Mundo- pero con la misma ilusión que entonces. Hay algo que cambia, y ese algo resulta que lo es todo. El medio será íntegramente digital y no contará esta vez con el papel como fiel acompañante. Deja de lado los pesados costes de imprenta para ofrecer unos contenidos de calidad en la nube. ¿Arriesgado? Es posible, pero si por algo siempre se ha caracterizado Pedro J. -a parte de su afán por sacar exclusivas- ha sido por ser un visionario. Ya lo demostró cuando puso en marcha la plataforma Orbyt en El Mundo, ofreciendo contenidos más exclusivos y más extensos que los que había en la red o en la propia edición en papel, y ahora quiere reeditar aquel logro desde una óptica distinta. Valiéndose de su influencia y de las redes sociales -el periódico cuenta con perfiles en Facebook, Twitter, Instagram o LinkedIn- Pedro J. ha logrado, en tiempo récord, que 'su' nuevo medio se conozca. Además no estará solo. Muchos de los que crecieron con él en El Mundo -y antes en Diario 16- volverán a seguirle. No descarten sorpresas de última hora de algunas de las plumas más brillantes de nuestro país. 

El proyecto pinta ya muy bien desde el principio, de eso no hay duda. El propio Pedro J. lo reconocía en una entrevista que le hicieron a comienzos de año cuando apenas era una idea, llena de sentido pero una simple idea, que hoy ha pasado a convertirse en realidad. Es pronto aun para hacer cualquier vaticinio pero si la evolución sigue como hasta ahora, es muy posible que solo le esperen buenas criticas.

Pedro J. Ramírez, director de El Español

LENA nace de la necesidad de unir fuerzas con el objetivo de cubrir un espectro más amplio e intentar ofrecer un contenido de mayor calidad al lector. Así, el Die Welt (Alemania), La Repubblica (Italia), Le Figaro (Francia), Le Soir (Bélgica), Tages Anzeiger y Tribune de Genève (Suiza) y El País de España aúnan experiencia y mentes en un último esfuerzo por salvaguardar el orgullo periodístico. "Adaptarse o morir" decía Darwin. Son tiempos de globalización, tiempos para concentrar todas las fuerzas en una, y ese es justamente el germen de esta nueva iniciativa que busca, en la medida de lo posible, reactivar el sector de "la prensa de siempre".

El porqué de esta alianza tiene su explicación en el propio comunicado que lanzó la nueva institución, que rezaba así: "compartimos una serie de valores comunes relacionados con la importancia del periodismo de calidad a la hora de estructurar sociedades abiertas y democráticas, con un mensaje de progreso económico y justicia social". Y las buenas consignas no acaban ahí. El pilar fundamental en el que se sustentará LENA será el de su apuesta total sobre las nuevas tecnologías. "Todos nos damos cuenta de que el gran valor del proyecto es impulsar nuestra oferta con tecnología como una oportunidad para hacerlo mejor, abarcando nuevos horizontes" explicaba Javier Moreno, ex director de El País entre 2006 y 2014 y parte vital en el proyecto, quien además añadía "es nuestra obligación mantener a nuestros miembros en la vanguardia tecnológica, comercial y editorial".

Otra fortaleza del proyecto es que fomentará el intercambio de periodistas y demás empleados, lo que ayudará a ampliar conocimientos, idiomas y experiencias. Todo en un marco común que pretende en un futuro -y si todo marcha bien- ampliar el numero de integrantes.

De izquierda a derecha, Javier Moreno (director de LENA), Pier Paolo Cervi (La Repubblica), Marius Schneider (Die Welt), Sofia Bengana (Le Figaro), Juan Luis Cebrián (PRISA), Pietro Supino (Tages-Anzeiger y Tribune de Genève) y Bernard Marchand (Le Soir)

De esta manera, nos encontramos con dos proyectos que son distintos en su origen y posiblemente en su aplicación, pero que tienen en común el factor fundamental sobre el que gira y girará esta bonita y necesitada profesión: Internet. Ambas ambiciosas inictiavias han sabido leer las necesidades y hábitos actuales y han decidido jugarse todo a una carta. Ahora queda quizás lo más complicado: cambiar la mentalidad de una sociedad que solo consume contenidos de calidad gratuitamente.



sábado, 14 de febrero de 2015

¿QUÉ PERIODISMO QUEREMOS TENER?

El reciente fallecimiento del controvertido periodista David Carr (Minnesota, Estados Unidos. 1956) en plena redacción, pone de manifiesto la necesidad de luchar por un periodismo de calidad que sea el verdadero garante de toda sociedad democrática que se precie.

Asiduo escritor en el New York Times, sus columnas -que salían todos los lunes- contenían un gran rigor periodístico que hacían de su lectura algo imprescidible para cualquier persona con una mínima base ética. En ellas plasmaba toda esa honestidad que le caracterizaba y que le hizo tan grande en esta denostada profesión. Cabe recordar que se investigó a sí mismo utilizando la técnica del fact-cheking, que consistía en comprobar los datos de una pieza periodística.

Pero sin lugar a dudas el momento cumbre llegó en 2011 cuando salió a la luz Page One, un documental realizado por él donde explicaba la crisis de la prensa papel y la compleja transición que se estaba dando al mundo digital.

Con un pasado difícil marcado por un consumo de drogas y alcohol excesivo, Carr jamás rehusó de lo que fue y, cuando llegó a la fama, fue el primero en querer averiguar cada momento de aquellos borrosos años con el objetivo de saber qué le había llevado hasta ese punto. Obsesivo, riguroso y metódico en todo lo que hacía, entrevistó a 70 personas para reconstruir ese pasado en La noche de la pistola. Su imagen quedó tan sumamente dañada que la prensa y la televisión compatriota exigió su despido. Los que antes le habían venerado, serían los que después pedirían su cabeza.

Sobre el papel, David Carr acabó repudiado por una sociedad que antes le ensalzaba. Sin embargo, fue un icono del periodismo más puro que puede haber. No solo escribió e investigó a grandes magnates, políticos o economistas buscando sin tapujos una verdad que constantemente le era esquiva. Fue capaz de predicar con el ejemplo y llevar hasta los extremos los cánones del periodismo más originario: se investigó a sí mismo con objeto de que, tanto él como la sociedad que tanto le quería, supiese que ni era tan santo y que sí tenía parte de diablo.

En estos tiempos que corren donde la falta de ética y la pérdida de escrúpulos son tan patentes, una figura como la de Carr se acaba convirtiendo en una bandera. ¿Qué periodismo queremos?, o mejor dicho, ¿hasta qué punto vamos a permitir que intereses políticos, económicos y partidistas influyan de manera directa en la información?

Jamás entendí que medios y política fueran de la mano, como tampoco entendí que los medios tengan que ser financiados por particulares o por intereses partidistas o sectoriales. Es ahí donde acaba la independencia de una herramienta fundametal que debe erigirse como el contrapeso a un Estado opresor y emponzoñado. Es el propio Estado el que debería preservar la neutralidad de los medios con partidas monetarias que sean intocables independientemente de quién gobierne. Solo así podría existir una sociedad plural que enriqueciera a la opinión pública y garantizase el derecho a la libertad de expresión, hoy coartada en la práctica.
 
No me privaré, no obstante, de hacer crítica hacia el sector, que en innumerables ocasiones ha mancillado su ejercicio al dejarse corromper y pisotear hasta la extenuación. La falta de rigor ético, la incoherencia en muchas ocasiones y la mediocridad a la hora de desarrollar la actividad con plenas garantías ha supuesto una losa que cada día pesa más.

La masacre de Charlie Hebdó o la omisión de noticias sobre el frente ucrano-ruso son dos buenos ejemplos actuales de hasta dónde se ha desvirtuado el derecho que le es más propio al ser humano. Está en nuestras manos tratar de recuperarlo y de definir, de una vez por todas, qué tipo de sociedad queremos ser.



"El poder para moldear el futuro de una República estará en manos del periodismo de las futuras generaciones" --- Joseph Pulitzer

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